Liturgia, imagen escultórica y espectáculo: la Virgen Eucarística de Fernando Ortiz para el Oratorio de los felipenses (Málaga)

Resumen

Las enormes potencialidades expresivas y cultuales de la teatralidad litúrgica de la Reforma católica perviven aún a mediados del siglo XVIII, en paralelo a la consolidada devoción eucarística. Prueba de tal afirmación es el intento de realizar una imagen de una Virgen Dolorosa en Málaga, para el oratorio de san Felipe Neri que, inserta en el tabernáculo ubicado en el centro de la capilla mayor, contuviera en su pecho un viril para la exposición sacramental.

Entre 1743 y 1756, la obra escultórica se concierta entre el Prepósito de la Congregación filipense, Cristóbal de Rojas y Sandoval, y el afamado escultor y académico, Fernando Ortiz. La amistad existente entre ambos devino en el particular encargo, toda vez que el religioso pretendía recuperar la medieval iconografía de ‘Virgen-sagrario’ o ‘Virgen abridera’ y proyectar sobre la misma un particular centrum sacramental.

El razonamiento al que se aludía para dicha concreción plástica se enraíza en la antigua creencia escolástica que asignaba a María el privilegio de haber sido el primer tabernáculo de Cristo, al haberse éste encarnado y gestado en su seno. De hecho, Rojas y Sandoval ya había pretendido años antes propagar en la ciudad, en connivencia con el marqués de san Javier y sin demasiado éxito, otro culto mariano: la controvertida ‘Virgen de la Luz’, fuertemente criticada por su falta de fundamento mariológico.

El objetivo del presente estudio es analizar las motivaciones espirituales que anidan en la génesis de tal proyecto, partiendo del acostumbrado uso que la imagen religiosa tiene en esta época como medio de explicitación de verdades inmanentes y su proyección sobre las mentalidades colectivas. La pervivencia de usos y costumbres devendrá en la configuración de una singular iconografía inserta, a su vez, en un espacio sacro de hondo simbolismo cristológico.