Mariana de Austria y la devoción a la Virgen de los Dolores. Aproximación a la viudez regia femenina a finales del siglo XVII a través de un memorial del arzobispo granadino Diego Escolano

Resumen

Diego Escolano y Ledesma, arzobispo de Granada desde 1668, destacó por su intento de reafirmar la autoridad episcopal y frenar la intromisión de la jurisdicción real en asuntos eclesiásticos. Esta determinación provocó algunos roces con la reina regente, Mariana de Austria. No obstante, el arzobispo también supo granjearse su favor para conseguir algunas pretensiones personales, como fue la concesión papal de la festividad de la Virgen de los Dolores.

En 1670 Escolano intimó este propósito a la reina en un memorial con el fin de lograr su complicidad. Lo cierto es que el momento no pudo ser más oportuno, pues la marcha de su confesor, el padre Nithard, había recrudecido la soledad y melancolía de Mariana; quien resignadamente sobrellevaba la carga de una agitada regencia. Escolano no solo justificó las razones y necesidad de la advocación, sino que estableció cierto paralelismo entre la reina viuda, que llevaba años vistiendo hábito monjil, y la Virgen dolorosa; y le aseguró que se trataba de una causa para la que estaba predestinada por motivos tan particulares como, por ejemplo, su nombre y fecha de nacimiento. También le sugirió como modelo de perfecta viuda la archiduquesa austriaca Ana Catalina de Gonzaga (1566-1621), quien tras la muerte de su marido se entregó a la vida religiosa como servita y murió rodeada de un halo de santidad, tal como posteriormente ocurriría a la propia Mariana. Está claro que el verdadero interés del arzobispo era que la reina empatizase con la causa y la amparase; pero al mismo tiempo, expuso la concepción eclesiástica sobre la viudez femenina, honorable cuanto mayor fuera la piedad religiosa. No se trataba de un asunto baladí, ya que desde la polémica Juana I de Castilla no había vuelto a haber una reina viuda en la monarquía hispánica. En definitiva, el memorial, más allá de su principal cometido, permite aproximarnos a la relación entre el alto clero y la corona en torno a cuestiones afectivas como la vivencia de la viudez femenina y su estrecha conexión con la religiosidad y determinadas devociones marianas.