Ostentación social y plétora ornamental: tallas, cueros y tejidos en los coches sevillanos de 1723

Resumen

La real pragmática de 15 de noviembre de 1723 de Felipe V contra el lujo excesivo se mostró particularmente contraria a la riqueza de los coches de caballos. Su punto décimo era muy restrictivo en lo relativo a los ciclos pictóricos que recubrían las cajas de los carruajes, a las telas y labores de pasamanería que tapizaban sus interiores y a las tallas que enriquecían sus trenes. Ello evidencia la inmensa significación que los coches habían alcanzado como medio se ostentación social y como símbolos de estatus en la sociedad cortesana, así como que se convirtieron en suntuosas obras de arte total, en las alcanzó uno de sus ápices creativos el arte barroco.

La referida norma obligó a los propietarios a registrar sus coches en los ayuntamientos. El hecho único de que dicho registro se haya localizado en el caso sevillano, con la correspondiente descripción de casi seiscientos carruajes por parte de trescientos propietarios, permite reconstruir un universo cocheril que resulta a todas luces sorprendente por su riqueza ornamental, así como hacer un completo retrato del patriciado hispalense. La referida fuente, por su enorme riqueza, es difícil de reducir a sistema, pero en esta ocasión al menos analizaremos dos cuestiones, por un lado las labores de talla descritas, que vinculan los coches a la escultura y aún al ámbito del retablo. En segundo lugar, también trataremos de las referencias a las telas y labores de pasamanería. El repertorio textil que sale a colación en este sentido es de un lujo pletórico, desde sedas chinas a bordados en oro, pasando por un completísimo repertorio de galones, flecos y demás labores de la más variada pasamanería.